Antes de iniciar una gestión de proyectos, siempre partimos de la identificación de un problema o necesidad. El primer paso que conforma un proyecto es este.
Es importante diferenciar necesidad de problema, para poder manejarlos mejor. La primera es algo que es diferente a lo que debería ser, o la carencia de algo conveniente; el problema es una situación inesperada que ocurre en un momento específico y que cambia la realidad.
Una vez que identificamos esa necesidad o problema, debemos proponer soluciones. Proyectos o ideas innovadoras (que no sean las mismas propuestas de siempre, que no han aportado a esa realidad), pero para proponer soluciones sostenibles se necesita tener objetivos claros, y para eso debemos delimitar el problema o necesidad, para convertirlo en algo concreto que deseemos solventar. Es aquí donde evaluamos la viabilidad del proyecto: la técnica de la puesta en marcha de estas soluciones, los recursos con que contamos, el tiempo de que disponemos para la ejecución del proyecto y las limitaciones legales existentes; y nos preguntamos ¿Este proyecto es posible realizarlo?


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